Zuheros, el pueblo que navega sobre un mar de olivos

A tan solo 75 kilómetros de Córdoba, Zuheros ha sabido mantener intacta la esencia del pasado a través del tiempo. Se cree que sus primeros pobladores llegaron a finales del siglo IX, cuando los soldados Banu Himsi construyeron un imponente castillo sobre las rocas –llamadas ‘sujaira’- que gobernaría desde las alturas, y hasta nuestros días, el espectacular entorno natural que lo rodea.

El destino quiso que en su origen Zuheros fuera granaína. Luego, cordobesa. Su pasado repleto de historia hace que, pasear hoy día por sus calles, suponga impregnarse de sus raíces. Empaparse de esos pueblos que por aquí pasaron y continúan haciéndolo. Como la comunidad de ingleses que, en pleno siglo XXI, ha sabido encontrar en este trocito de Andalucía el rincón perfecto en el que retirarse.

Pero, antes de arrancarte a descubrir dónde residen sus encantos, haz check-in. Te proponemos para ello la Hacienda Minerva, situada a las afueras de Zuheros. Un antiguo cortijo del siglo XIX de esos con los que todos soñamos cuando pensamos en un alojamiento que nos haga desconectar del mundo.

Para hacerte una idea de la envidiable situación de Zuheros, contémplalo primero desde la lejanía. Aquellos que piensen que los pueblos blancos de Andalucía se encuentran solo en Cádiz, tienen aquí la prueba de que nada más lejos de la realidad. Bañadas por el sol, sus casas envueltas en cal blanca regalan una estampa de esas que hay que mantener en la memoria.

De nuevo en el pueblo, acércate hasta el Mirador de la Villa, desde donde podrás admirar la sierra. Un paisaje repleto de crestas, tajos y de extensos campos forrados por centenares de olivares: ese es el regalo con el que los zuhereños despiertan cada día.

El perfecto laberinto de callejuelas pone a prueba tus pulmones a base de cuestas de todos los tamaños y formas. Pero no hay que temer: aquí se trata de que te tomes tu tiempo. De que te pares a contemplar cada detalle y cada rincón. De que te empapes de la autenticidad de Zuheros.

Hay que entender que la belleza que desprende no es algo casual: todos los vecinos trabajan codo con codo, cada día del año, por convertir Zuheros en uno de los pueblos más encantadores. Manteniendo las fachadas impecables, regando sus coloridas macetas de flores o barriendo las entradas de sus casas. Las mismas en las que, durante gran parte del año, se sientan a la fresca para charlar sobre lo mundano y lo divino.

Pero hay algo más. Concéntrate y observa: cuando llega el buen tiempo, las mujeres del pueblo se esmeran en dibujar, con tacto y muy buen pulso, la cenefilla tan característica que decora sus calles.

¿Qué a qué nos referimos? Muy simple: a la fina línea negra que marca la unión entre el suelo y el comienzo de las paredes blancas. Ese detalle, querido amigo, es algo tan característico de Zuheros como el remojón de naranja, un plato típico que saborear en cualquiera de sus restaurantes.

Y ya que hablamos de comida, ¡continuemos! Llega la hora de catar los placeres gastronómicos del pueblo. Y para ello, el restaurante del Hotel Zuhayra es una estupenda opción. Allí, a esta especie de ensalada basada en naranjas, huevo duro, atún y bacalao, habrá que seguirle con un segundo plato llamado clavellina: un guiso de habichuelas con un huevo cuajado que quita el sentido.

El Museo de Arte y Costumbres Populares Juan Fernández Cruz, un histórico edificio de más de 100 años en el que el antiguo boticario del pueblo recopiló y expuso todo tipo de aparejos de labranza y objetos –nada menos que hasta 3.000 piezas- relacionados con el modo de vida zuhereño. Un paseo por sus dos plantas es sinónimo de recorrer la historia de este pueblo cordobés.

En otro museo, esta vez el que pertenece a Francisco Poyatos, descubrirás un perfil diferente de Zuheros: el artístico. Es el propio pintor y escultor el encargado de abrir a diario este espacio, también utilizado como estudio, para brindar a los visitantes la oportunidad de ahondar en su arte.

Puro surrealismo pintado de colores vivos definen su obra, inspirada, sobre todo, en el propio pueblo: aquí es donde Francisco nació y donde ha vivido toda su vida.

aperos de peso en Museo de Arte y Costumbres Populares Juan Fernández Cruz,

Es el momento de que pongas rumbo a la Plaza de la Paz, el centro neurálgico de Zuheros. Lugar de reunión de mayores y pequeños, donde señores con boina y bastón conversan en sus bancos cada tarde mientras los niños juegan y corretean junto a la fuente.

Es aquí también donde se alzaba el antiguo castillo. Ya lo dijimos al inicio del artículo: doce siglos, ni más ni menos, lleva coronando el torreón, el único resto de lo que en su día fue la fortificación árabe, el risco sobre el que se alza. En el lado opuesto, allá donde la vista no alcanza desde la plaza, se encuentran los restos del palacio de estilo renacentista que también existió en su día.

Será raro si no coincides aquí con algún festival gastronómico o de artesanía. Cada septiembre, por cierto, no hay que perderse la Fiesta del Queso, momento idóneo para probar uno de los tesoros de Zuheros. Para llevarte algún souvenir comestible a casa, nada como acercarte hasta la Quesería Los Balanchares y echar un ojo a su tienda.

Tampoco será mala idea hacerte con algún aceite ecológico producido en la zona: Zuheros se encuentra a 656 metros sobre el nivel del mar y sus olivares regalan un aceite de una calidad extraordinaria.

Y del corazón de Zuheros, a sus entrañas. Pon rumbo a uno de los yacimientos neolíticos más importantes de Andalucía: la Cueva de los Murciélagos.

Cuatro especies diferentes habitan en ella, de ahí su nombre, aunque existen otros muchos detalles por los que merece la pena visitarla. ¿Por ejemplo? Su antigüedad: su creación se debió a un movimiento tectónico hace nada menos que 500.000 años. También atrae el saber que hasta ahora tan solo se ha podido conocer una octava parte de la cueva, de los que solo 415 metros son visitables.

En su interior fueron encontraron restos óseos del Neolítico y sus paredes atesoran ejemplos artísticos: pinturas rupestres que representan cabras hispánicas y que, se cree, fueron realizadas entre el 3.500 y el 4.000 antes de Cristo.

Pero aquí no acaba la cosa: si eres de los que aman el contacto con la naturaleza y el deporte al aire libre, estás de suerte. Situado en pleno Parque Natural de las Sierras Subbéticas, son varias las rutas de senderismo y bicicleta que atraviesan el entorno natural de Zuheros y permiten disfrutar del pueblo desde un punto de vista diferente. Un ejemplo es la Vía Verde: 65 kilómetros de ruta que transcurre por el trayecto del antiguo Tren del Aceite pasando por pueblos tan pintorescos como Luque, Cabra o Lucena.

El sendero del río Bailón, otra de las opciones, sigue el cauce del río y atraviesa rincones tan destacados como la cascada de La Chorrera o la fuente de la Fuenfría. Durante el trayecto abre bien los ojos: podrás contemplar buitres y alguna que otra rapaz como el águila culebrera.

Y llegado a este punto, recopilarás y pensarás, probablemente, que sí: que puede que en parte el alma poética de Zuheros surja de su entorno. De sus paisajes repletos de olivos. O quizás lo haga de sus calles empedradas y de su origen árabe.

Pero, sea como sea, hay una cosa que tendrás clara: Zuheros es uno de esos rincones que sorprenden. Que enamoran. Y que, en la mayoría de los casos, olvidamos que tenemos a tiro de piedra de casa.

https://www.traveler.es/naturaleza/articulos/guia-zuheros-pueblo-blanco-mas-bonito-cordoba-que-ver-que-hacer/13860

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