Marruecos: el país de las maravillas

Marruecos -vivo, genuino, sensual- es todo aquello que soñamos, pero que pensábamos que ya no veríamos jamás: encantadores de serpientes, frutas de colores -y sabores- súper saturados, playas vírgenes, palacios y jardines que ni siquiera caben en un cuento de hadas.

¿Cuándo son tus próximas vacaciones? ¿Cuántos días tienes? No importa la respuesta: escápate. Marruecos está lo suficientemente próximo como para que te sirva de paraíso durante un fin de semana largo, pero, eso si: vas a querer volver.

Vas a querer quedarte mil y una noches en sus riads y su lujo de otra época, en el retiro de sus hammam, desayunando té de menta y msemmen con miel, descubriendo cómo los jóvenes diseñadores reinventan la tradición en caftanes únicos.

Jardines espléndidos y señoriales, palacios de fantasía, construcciones que pertenecen a otro universo… En Marruecos, la arquitectura parece cualquier cosa menos posible, y su carácter cuidadoso, delirante y utópico deja entrever el ambicioso espíritu de quienes las idearon. En la foto, la Mezquita de Hassan II, el templo más alto del mundo, puesta en pie en 1993 por el arquitecto Michel Pinseau con ayuda de 10.000 artesanos marroquíes.

Todo en él es intenso: desde los tonos exultantes e imposibles de las especias hasta los matices brillantes de los azulejos, que refulgen, palpitantes, con el sol. Marruecos es un festín de colores que alegra con su magia los ojos… y el corazón.

Frente a la cultura de la masa y la artificialidad, la artesanía marroquí es una cura de belleza. Sus patrones, centenarios, nunca pasan de moda y, a la vez, siempre están de rabiosa actualidad. Recorrer sus bazares tras la pieza perfecta es una búsqueda del tesoro en la cueva de Alí Babá: todo brilla, todo atrae, así que lo difícil es elegir qué llevarse de vuelta a casa.

Las cataratas de Ouzoud, un espectáculo natural vertiginoso, están aquí; el monte Atlas y sus llamativas cumbres nevadas, aquí; el majestuoso palmeral de Skoura, las estampas casi lunares del valle del Dadès, las sobrecogedoras Gargantas del Todra… Todo eso está aquí, en Marruecos.

Pocos paisajes son tan fascinantes como el desierto. Su mar de arena nos hace estremecer, superados por la inmensidad de la naturaleza. Durante el día, cuando los rayos del sol reflejen sus tonos amarillentos, anaranjados y finalmente, rojizos, sobre las pequeñas partículas de roca, parecerá que estemos en el espejo del cielo. Y durante la noche, conmovidos por el silencio infinito, nos sentiremos habitar el espacio: así de cerca, de nítidas, de brillantes, veremos cada una de las estrellas.

El savoir faire francés y el suntuoso lujo marroquí se funden en los hoteles de este país, que son muchos y de una calidad exorbitada. En ellos, una sola máxima: hacerte sentir como un sultán decimonónico, de esos que siempre tenían a su disposición fruta fresca, manos expertas para recibir una cura de bienestar en el hammam, sabrosas delicias cocinadas a fuego lento, hermosas alfombras y cojines en los que descansar mientras la vida transcurría, sosegada y opulenta, tras los ventanales.

Coger el coche y conducir por la hamada, ese terreno azafranado, árido y pedregoso típico de Marruecos, es una experiencia inolvidable. Especialmente, cuando de él surgen, como espejismos, verdaderos oasis en forma de kasbahs. Querrás parar en cada una de esas fabulosas medinas fortificadas, que parecen emerger directamente de la tierra.

En un mundo cada vez más igual, en el que a veces es prácticamente imposible saber si se está en Madrid, Austria o Copenhague, Marruecos es un soplo de aire fresco. Pero no sólo porque mantenga el hechizo de sus callejuelas intrincadas o porque quienes lo habitan sepan todavía divertirse en las plazas y mirarse a los ojos -y no a las pantallas- en los cafés; también porque todo lo que lo acerca a la modernidad pasa por su particular filtro de arabescos y aparece tamizado por un sentir distintivo y propio.

 

Información y fotos: https://www.traveler.es/viajes-urbanos/galerias/viajar-a-marruecos-puente-navidad-que-ver-que-hacer-donde-ir/2110/image/109839

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