Margarita Gordon en el MMAPO

Margarita Gordon ha tenido una relación orgánica con el arte: primero de la mano de su madre, Lena Gordon, que gracias a un instinto curioso reunió una importante colección de arte popular; y posteriormente como bailarina, entre otras actividades de conservación y promoción cultural. En esta entrevista, conocemos un poco más de Lena y Margarita y el profundo amor que profesan al arte popular mexicano.

El pasado mes de agosto, en el marco del III Aniversario del Museo Morelense de Arte Popular (MMAPO), se inauguró la exposición  Arte Popular en la colección de Lena y Margarita Gordon. Margarita Gordon nos platica de este gran aporte cultural generado por su madre.

¿Nos podría platicar sobre Lena Gordon, su madre?

Mi madre para mí fue maravillosa, no era mexicana, era italiana y vino a México de paseo y se quedó para toda la vida. De paso me hizo a mí, hija mexicana.

Fue una mujer con muy buen gusto, con muy buen ojo para escoger piezas y con mucha sensibilidad. Tuvo un gran amor por México, por el país que a ella le gustaba, que le interesaba y que lo vivió muy profundamente.

Usted tuvo la fortuna de estar muy de cerca con el arte popular desde temprana edad.

Tuve ante todo, al vivir con mi madre, que viajar mucho con ella por todo México, cuando era niña. Era otro México maravilloso. También conocí muchas de sus amistades, no estudié muchas de estas cosas relacionadas con el arte y aprendí de ellos. Eran grandes personajes, expertos en lo suyo, intelectuales y artistas, crecí con ellos y aprendí de ellos.

El acercamiento con el arte fue natural, era mi manera de vivir, me encantó, desde pequeñita tuve el amor por todas estas cosas. Cuando íbamos de viaje visitábamos los mercados que eran maravillosos, y desde niña aprendí a comprar arte. Oía los comentarios de las personas mayores y me encantaban, nunca me aburría, creo que de ahí si despertó mi inquietud por el arte en general.

Me dediqué a la danza, pero también mi amor por ella nació de todo este conjunto de actores maravillosos, de la música, de las artes plásticas, del arte popular, y bailarines que conocí a través de mi mamá. Me he dedicado de lleno al arte, no concibo mi vida sin el arte, vivir 24 horas al día rodeada de todo esto, y de la danza porque es mi carrera.

¿Cómo recuerda su infancia entre adultos?

Feliz, porque muchas de estas personas me hicieron su amiga, y eso me hacía sentirme doblemente honrada, me impulsaban y platicaban conmigo. Un recuerdo extraordinario es el haber conocido al Dr. Atl, obviamente con mi mamá. Me platicó de muchas experiencias, de la Atlántida, del volcán Paricutín donde perdió una pierna, y del arte en general. Era físicamente impresionante con su barba. Sus ojos llenos de vida.

¿Y su gusto por la danza?

Una bailarina que ha vivido como bailarina, seguirá viviendo como bailarina hasta el final. Es una carrera de por vida, mucha gente cree que uno se retira. Nunca debe uno de retirarse de lo que ama, hay distintas facetas y distintas maneras de abordarla. Empecé de chiquita con la curiosidad, precisamente en Erongaricuaro, Michoacán, quería bailar y ahí no había maestros de ballet ni nada de eso, y mi mamá invitó a un danzante de la sierra, un capitán de danzas, y aprendí con él varias danzas de allá, que hasta la fecha  me sirvieron mucho para trabajos de investigación. De ahí surgió el interés por bailar, bailar y bailar, luego me fui a la Ciudad de México a dedicarme de lleno, me metí al flamenco.

¿Pero cómo se da la conformación de este acervo, de diversas culturas?

Mi mamá fue una coleccionista por gusto, por placer, no pretendía hacer una recopilación como tal. Compraba objetos que le gustaban casi por todo México, porque ella viajó muchísimo y en aquella época hasta a caballo, en los cuales algunos tuve el gusto de acompañarla, y fue adquiriendo cosas y con el tiempo se hizo de una gran colección. Mi madre tuvo una tienda en la zona rosa de la Ciudad de México, en la calle de Hamburgo, fue una pionera de este tipo de tiendas maravillosas, donde vendía sus telas que ya hacía en el pueblo Erongaricuaro de Michoacán, y objetos de arte popular que compraba en distintos lugares, decoración en general, en aquella época eran de una riqueza impresionante, en todos lados había algo que ver, que comprar.

De toda esta colección tiene especial cariño por algunas?

Tengo una gran apreciación estética, pero también histórica, como la relación a la indumentaria popular mexicana. También me encanta la talavera mexicana, objetos que uno usa como parte de hogar de la casa como manteles y servilletas, cierto tipo de vidrio, muchas cosas con las que uno convive como uso cotidiano. Una pieza que adoro es una muñequita de cera, una figurilla de cera de Morelia, Michoacán, que es muy interesante porque ahí se juntan muchos aspectos de nuestra historia. Es una, como ahora dicen, negrita, diría yo pero una afrodescendiente vestida de china poblana con su rebocito y todo, debe ser del siglo XIX o antes. Está preciosa, para mi es una figuradita llena de historia de México, es una de mis predilectas. También una máscara excepcional, los trajes mexicanos, digo mexicanos porque me interesan tanto los trajes indígenas como los trajes mestizos, que también son mexicanos.

¿Cómo conservar estas piezas en la casa de su madre que parece un museo?

Es difícil, porque es algo muy personal, y también el mantenimiento lo es. Yo las lavo, si hay que zurcir yo lo hago, sin ser una experta trato de conservarlas. Es difícil pero es maravilloso y uno de mis intereses primordiales es poder compartir mucho de estas cosas con el público. Se trata de compartir muchas cosas que se van a perder, que se están perdiendo y creo que hay que rescatarlas.

Debemos de motivar a la gente a que siga haciendo este tipo de arte a su manera, ya vivimos en otra época, y es necesario que sigan manteniendo vivas estas expresiones maravillosas, estas creaciones, este mundo fabuloso.

¿Su mamá, la señora Lena, pensaba algo sobre el destino de esta gran colección de arte popular?

Convivir con este arte popular, y en cierta forma pensó que yo iba a continuar, y yo también lo espero porque tengo una hija. Ojalá esto continúe vivo de alguna manera, conservarlo. Nunca mencionó donar algo a algún museo o a alguna persona, ella donó muchas cosas a museos, sobre todo en Michoacán. Creo que ella pensó que yo iba a continuar con el amor y el interés por todo este arte popular mexicano.

¿Cuál sería la manera de mantenerlo vivo?

Seguir adquiriendo arte popular, y creo que ya es un trabajo titánico conservarlo. Darle distintos usos, la indumentaria que se destruye fácilmente. Tengo muchas ganas de escribir sobre todo este tema.

¿Cómo percibe este tipo de esfuerzos institucionales para dar a conocer colecciones independientes?

Maravilloso, soy una asidua visitante del MMAPO.Siempre que me es posible voy a las conferencias y a las exposiciones, no falto, me parece un trabajo estupendo el que están haciendo. Uno lo goza estéticamente, pues el rescatar, no sólo rescatar, si no el hacer que sigan produciendo, que sigan generando maravillas, también puede ser una fuente de ingresos. Me encanta ese tipo de rescate vivo que están haciendo. Me siento muy honrada de que me hayan invitado a colaborar.

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