Ezcaray, buena vida a la riojana

Si hay un destino al que siempre apetece viajar es, sin duda, La Rioja y, si hay un rincón dentro de ella que merece la pena visitar, ese es sobre todo Ezcaray.

Situada en la parte alta del valle del río Oja, esta famosa villa es un lugar tradicionalmente de montaña (aquí se encuentra la popular estación de esquí de Valdezcaray). Sin embargo, Ezcaray es muchas cosas más.

Es tierra de chimeneas, de risas con los amigos y de croquetas, como las que cocinaba Marisa Sánchez en el restaurante Echaurren Tradición (calle Padre José García, 19) y que ocupan cada año los primeros puestos en los recurrentes rankings de las mejores croquetas de España.

La rica huerta del Ebro, la cultura del tapeo, el omnipresente vino de Rioja o la sabrosa repostería riojana se reflejan en platos como las Hojas de borraja fritas, la Yema de huevo confitada con néctar de pimiento y crestas de gallo o el Lomo de bacalao confitado sobre una riojana de caracoles.

Todo este despliegue gastronómico, y alguna que otra sorpresa más, se encuentra ubicado bajo el abrigo del hotel Echaurren que, desde el año pasado y tras una intensa reforma, ostenta el título de ser el primer, y único, Relais & Châteaux de La Rioja.

Tras la primera, que no la única, jornada gastronómica en Ezcaray (no hay olvidarse de direcciones como Casa Masip, el Bar Roypa o Tres Puertas), merece la pena adentrarse en el casco viejo de esta villa fundada en el siglo X por los reyes navarros.

Caminando por sus empedradas calles se pueden descubrir los numerosos vestigios (perfectamente conservados) del pasado medieval de Ezcaray.

Soportales, plazas y casas de piedra que datan de los siglos XVII y XVIII nos hacen pensar que tres siglos no son nada en este pueblo riojano donde la Plaza Mayor es el centro neurálgico.

Con miles de flores de colores que cuelgan de sus balcones, estamos ahora en un lugar donde la vida, la buena vida, tiene forma de bares, terrazas y niños jugando a la pelota ante la imponente fachada del Palacio del Conde de Torremúzquiz, uno de los edificios más reconocibles de Ezcaray, casi tanto como la Real Fábrica de Tejidos de Santa Bárbara, que queda a la izquierda cuando entramos en coche al pueblo. Construida en 1752, hoy este edificio, que se conserva en perfecto estado, es sede de un teatro y un albergue.

Y como nadie concibe una chimenea y una copa de vino sin el calor de una buena manta, estamos de suerte, porque en Ezcaray llevan casi 100 años tejiendo el mejor mohair, una de las lanas más lujosas del mundo, para fabricar las mejores.

Nos referimos a Mantas Ezcaray, toda una institución del textil riojano. Ante el éxito de sus mantas, la familia Valgañón ha instalado en un viejo telar de Ezcaray una tienda donde poder adquirir sus famosos productos, desde las tradicionales mantas hasta otras creaciones como bufandas, chaquetas o cojines.

Su fama no es algo local, ya que firmas como Loewe, Hermès, Armani o Céline realizan encargos frecuentes a esta fábrica artesana de Ezcaray que luego venden en sus tiendas a un, imaginamos, precio bastante superior al que lo hace la familia en La Rioja.

Y, como nadie debería abandonar Ezcaray sin una foto de postal, la mejor instantánea es la que tiene como protagonista la coqueta ermita de Santa Bárbara que, aunque sus orígenes datan del siglo XI, fue reconstruida en el XVI.

Ubicada a un par de kilómetros del centro del pueblo, es centro de peregrinación de locales y visitantes. Y la verdad, con las vistas del valle que se obtienen desde su ubicación, no nos extraña nada que sea uno de los puntos más populares.

Información y fotos: www.traveler.es

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