Casa de los árboles, naturalmente apacible

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Nada mejor que ser atendido con finura y delicadeza en un ambiente de paz; desde nuestra llegada a la recepción -ya de por si acogedora por su estilo tradicional mexicano- hasta el último momento de partida, la estancia en la Casa de los Árboles, fue excepcionalmente agradable.

Tan solo caminar por las veredas mientras nos dirigíamos a las habitaciones nos transportó a un ambiente apacible y tranquilo. La sorpresa fue mayor entre más

nos en un mundo selvático abundante de árboles frutales y medicinales.

nos adentrábamos al lugar,  en el que en cada rincón se manifiesta  un ambiente único y  distinto.

Cada detalle de los pisos, patios y veredas fueron decoradas con piedras de río y mosaicos por manos de artesanos de la localidad, quienes han puesto en cada pieza, su espíritu y corazón.

A tan solo hora y media del Distrito Federal, se localiza Zacualpan de Amilpas, un pueblo pintoresco y reposado; en medio de un callejón empedrado se encuentra La Casa de los Árboles, un lugar naturalmente apacible y especialmente diseñado para el confort y el descanso.

El recorrido comenzó hacia la zona de Palmas –el lugar cuenta con una extensión de 3 hectáreas- donde se ubica la alberca techada, para acceder a ella hay que cruzar una estructura de metal de hierro labrado en la que se vislumbran imágenes,  otra manifestación de la iconografía y cosmogonía de los artesanos de este poblado.

Ahí mismo yace un mural  de mosaicos multicolores producto de un concurso. Caminar por ahí nos brindó la sensación de sumergir

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Aquí, la realidad superó a la fantasía y nos fue posible disfrutar de un silencio absoluto, un excepcional servicio, lujo y comodidad en medio de una exuberante y apacible naturaleza.

Concebida originalmente como una casa de descanso familiar, hoy después de 24 años de haberse creado es uno de los hoteles más exclusivos del estado de Morelos.

Enseguida se encuentra la zona de Limas y Azahares donde se ubica la Casa principal con suites, al estilo rústico mexicano.

El recorrido continuó hacia moneditas, – la enredadera que cubre las paredes del edificio- en el que se ubican las habitaciones Zen; el diseño se caracteriza por una absoluta limpieza de líneas, orden y minimalismo armonioso. Los colores decorativos en suaves y neutros, como el blanco, verde salvia y arena, nos brindaron una sensación de relajación y paz mental.

Al lado una capilla que fue la primera recepción del hotel. Actualmente, el lobby es más amplio y su principal elemento estético es una pieza de cerámica  titulada “Cruz con México en la Piel”, creada por el reconocido artesano Sergio Bustamante, una de las figuras mexicanas contemporáneas más sobresalientes de la escena artística internacional.

Continuamos hacia la última sección donde se encuentran las habitaciones estilo Thai, este concepto oriental es muy similar al anterior, sin embargo, la diferencia radica en que prevalecen colores rojos, ocres y terracotas que le otorgan un toque de alegría.

Mi inclinación por el arte, me llevó a elegir la casa del primer estilo ubicada más cerca del restaurante Senderos, también con una particularidad en su construcción: sus paredes y techo son de cristales sostenidos por una estructura de madera lo que permite apreciar el majestuoso escenario rodeado de cafetos, guayabos, limones, mandarinas, limas y azahares.


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Relajación profunda

Una vez instalados, nos dispusimos a disfrutar de los rayos del sol y a degustar de un aperitivo mientras se acercaba la hora de la comida. El sonido de la danza de los árboles al son del viento, más aún, la absoluta certeza de que nada ni nadie podía perturbarme, así como una buena lectura, me invitaron a sumergirme en un sueño profundo y reparador.

Al despertar y reincorporarme, mi apetito no se hizo esperar y decidimos trasladarnos al restaurante, en el degustamos de unas enchiladas de mole de la región -especialidad de la casa- y como digestivo un exquisito café orgánico cultivado en el huerto del hotel.

Unas horas después decidimos consentirnos con un masaje en pareja a cuatro manos, sin duda placentero. Después recibimos la energía de la madre tierra a través del Temazcal, una armonización con copal antes de entrar para dejar atrás las energías negativas y regresar absolutamente renovados a las actividades cotidianas.

Con un suspiro de bienestar nuestra estancia terminó -no sin antes revitalizarnos  con una clase de yoga-. En medio de una atmósfera con aroma a tierra mojada, aceptamos que este mágico momento había terminado. Lo que perduró fue la sensación de paz en nuestros corazones.

La Casa de los Árboles, hoy es sin duda nuestro lugar preferido para un encuentro espiritual, el confort y el descanso.

 

¿Cómo llegar?

Tomar la autopista México-Cuernavaca y llegar a la desviación a Tepoztlán rumbo a Cuautla. Seguir hasta la desviación a Izucar de Matamoros o libramiento a Cuautla hasta llegar al Crucero de Amayuca, dónde se encuentra la desviación a Zacualpan de Amilpas.

¿A qué hora llegar?

Sugerimos llegar entre las 11:00 y la 1:00

 

Lo que debes saber

  • El hotel cuenta con 27 habitaciones
  • No recibe menores de 14 años
  • La extensión del hotel es de 3 hectáreas
  • Son 300 árboles frutales
  • Hay 3 estilos de habitaciones: Rústico-mexicano, Zen y Thai
  • Cuenta con obras de reconocidos artesanos como Sergio Bustamente

 

Costos de las Habitaciones:

  • Suites: $3,800 por noche
  • Lujo: $2,800 por noche

Toma tus precauciones, no hay señal de telefonía celular.

 

Por: Paola Dammann

Fotos: Roberto Sánchez

 

 

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