Amsterdam, una ciudad para admirar paso a paso

Un recorrido guiado desde la plaza Dam vincula los puentes que cruzan canales, el mercado de flores Bloenmarkt, casas históricas y bares, en medio de una atmósfera siempre relajada.

La marea de ciclistas se apodera de cada uno de los rincones de Amsterdam y avanza ordenadamente, a la par de los tranvías. Cruza los mil puentes arqueados sobre el ovillo de 75 kilómetros de canales y se cuela en el casco antiguo de la ciudad por los recovecos que abren mínimos pasillos. Lanzadas a módica velocidad o detenidas a los pies de edificios del siglo XVIII, las bicicletas son piezas esenciales en las postales más tradicionales de Holanda.

vista-panoramica-fachada-Estacion-Central_CLAIMA20160405_0194_17Una vista panorámica de la fachada de la Estación Central.
Junto a la multitud de paseantes sobre ruedas, los caminantes no tardan en comprobar que podrán largarse a recorrer sin ningún atisbo de tensión esta ciudad tajeada por una infinidad de brazos de aguas calmas. Los turistas y los ciudadanos de a pie tienen prioridad de paso y entera libertad para moverse, una premisa que respetan a rajatabla los ciclistas, los maquinistas que conducen los tranvías y los escasos automovilistas que elevan apenas el volumen de ruido urbano.

Sumida en esa atmósfera relajada a toda hora, la voz de Aurora Ponce se enciende clara y potente antes de arrancar el paseo desde la Plaza Dam, el mojón que recuerda el sitio donde en el siglo XIII fue construida la primera represa (“dam”) de la ciudad. La guía, una locuaz andaluza de Sevilla radicada aquí desde hace ocho años, se dispone a “transmitir la esencia de Amsterdam”. Para cumplir con su cometido sugiere andar “con la mente abierta”, advertida de que en su tierra adoptiva “se respira tolerancia, libertad y respeto”. Ponce sentencia, a punto de dar el primer paso: “No me meto en tu vida y no te juzgo. Aquí dejamos vivir y vivimos”.

La declaración de principios de la anfitriona hace efecto inmediato sobre el ánimo de sus seguidores, un golpe de timón clave para generar un vínculo fraternal entre los visitantes arribados de distintas latitudes de Latinoamérica y Europa. El recelo inicial se disipa definitivamente cuando la guía rumbea hacia el barrio Jordaan y el grupo manifiesta una generalizada coincidencia por el deseo de descubrir de entrada ese sector en el que confluyen personajes, estilos arquitectónicos e hitos de todas las épocas históricas de la ciudad. Mientras por un lado se detectan las borrosas señales del humilde pueblo de pescadores que emergió en el siglo XIII, por otro se perfila la soberbia ciudad que vivió su hora dorada en el siglo XV gracias al comercio d eultramar con las Indias Orientales y también asoma la moderna urbe de hoy, un poderoso punto de encuentro al que acuden los negocios, la cultura y el turismo.

La casa más vistosa

Amsterdam 3Un denso aire húmedo se instala sobre la orilla del canal Prinsengracht y el calor reinante redirecciona las miradas hacia la oferta de bebidas frescas de los bares del Triángulo del Placer, en la esquina de Singel y Oude Leliestraat. El paladar demanda un refresco pero la guía recomienda tener paciencia. Señala una pieza contrastante con la típica arquitectura de Amsterdam, donde las viviendas se caracterizan por sus diseños largos y frentes muy estrechos: del otro lado del puente Multatuli, un acaudalado vecino logró ganarse un lugar en la historia urbana local por haber tenido la osadía de levantar una residencia de 5 metros de ancho.

En esa larga secuencia de construcciones de tres plantas, medio centenar de turistas arracimados delante de un edificio de la calle costera esperan –sumidos en un conmovedor silencio– el momento de ingresar a la Casa de Ana Frank. Destrás de un lúgubre almacén se escudaba el refugio que encontró la familia Frank para poder evitar el acoso de las tropas nazis durante la Segunda Guerra Mundial. El trágico desenlace de esta historia tras dos años de resistencia es reflejado en las memorias escritas por la hija de Otto Frank en su Diario. Su crudo testimonio del horror precedió a la delación y el posterior envío forzado de la autora y otros seis perseguidos a un campo de exterminio.

Un rato de confusión sobreviene tras la visita a este bastión de la memoria colectiva, a tal punto que el trago de cerveza con degustación de quesos caseros en Reypenaer alcanza la categoría de bálsamo imprescindible para retomar el pulso actual de esta ciudad, en cuyo perfil amigable también afloran algunos pliegues grises.

A fuerza de chicos que corretean sonrientes sobre la vereda de la Iglesia del Oeste, Amsterdam recobra su semblante más vivaz, sostenido sin pausas por el paso de las bicicletas, las embarcaciones que avanzan entre la madeja de puentes y casas flotantes y la sana costumbre de los holandeses de decorarlo todo con flores cultivadas delicadamente, una pasión popular que alcanza su mayor expresión en el mercado de flores Bloenmarkt. El sol dispara sus brillos sobre festival de colores de las plantas desbordadas en los puestos, que hacen equilibrio sobre el borde del canal Singel desde 1862.

Amsterdam 2Por la callecita Haam Steg, el relato de la guía se detiene en la plaza Span, lo suficientemente amplia como para albergar una feria de arte y libros usados, el convento de retiros espirituales Begijn hof Chapel y el legendario salón de Hoppe, el café más antiguo de la ciudad. “Aquí se puede tomar café y otras bebidas”, subraya Ponce lo que parece una obviedad a la viata. Pero la aclaración viene perfectamente al caso, si se tiene en cuenta que en Amsterdam gozan de mayor fama los coffe shop, unos 250 bares habilitados para vender a sus clientes hasta 500 gramos d emarihuana diarios para fumar en sus mesas. En estos reductos envueltos en gruesas columnas de humo pedir es más que improbable conseguir un café express o un capuchino.

Las luminarias de neón y los faroles encendidos al atardecer esperan a la noche para alcanzar todo su esplendor en el barrio Rojo. Después de la caída del sol, la ciudad de los colores vivos adopta las sugerentes siluetas iluminadas discretamente por esas luces tenues y el fulgor de la luna, filtrado en los resquicios de los callejones empedrados. Ese universo de fuertes contrastes, de tonos relucientes superpuestos con gruesas franjas de oscuridad, se torna magistral obra de arte en la colección de 200 pinturas y 500 dibujos exhibidos en el Museo Van Gogh. Bajo el tejado neogótico del Museo Nacional (Rijksmuseum), el sublime talento de Rembrandt se plasma en “Ronda de noche”, una pieza que desde el siglo XVIII encaja perfectamente en esta ciudad reluciente, que el pueblo holandés y sus huéspedes disfrutan y cuidan, como una joya preciada, imposible de valuar.

Dónde informarse

http://www.amsterdam.info/
http://www.amsterdamguia.com/
http://www.disfrutaamsterdam.com
http://www.viajaraamsterdam.com/
http://www.holland.com/global/tourism.htm

Vía: www.clarin.com

Te Recomendamos

Coro Fulgencio Ávila

Concierto de Pascua en el Museo Robert Brady presenta al Coro Fulgencio Ávila, n conjunto vocal abierto a todo el público, que representa el simple gusto de ...